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    24 de mayo de 2013
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Nº 6

El polvorón ha sido desde su nacimiento apostólico y romano, ya que la condición porcina de la manteca de cerdo que le da origen lo anatematiza para feligresías musulmanas.

 

Cuando hace años se puso de moda el tema de cocina erótica, recuerdo que mi gran amigo y maestro Xavier Domingo siempre decía que el único erotismo en los fogones era una cocinera que estuviera  estupenda  y etc, etc... (no voy a entrar en detalles) . Yo nunca compartía esta opinión por varias razones, la primera  por mi propia  condición sexual, tenía que cambiarlo por un cocinero  y entonces los chefs, con todo mi cariño y  respeto hacia ellos, eran bastante poco eróticos  -en eso hemos mejorado mucho; ahora hay cocineros que están divinamente- y la segunda razón por la existencia del polvorón. Yo siempre le decía que lo más erótico festivo que podamos encontrar en el universo de la gastronomía es el polvorón. ¿O no? No me digan ustedes que no suena rotundamente voluptuoso. Además si hurgamos  es su historia,  lo es más puesto que dicen que su origen se debe a una señora de la población sevillana de Estepa a la que llamaban La Colchona. Todo parece cuadrar...

Bueno, ahora va en serio... Si ustedes se acercan a Estepa, en Sevilla comprobarán que es una gran población rodeada de grandes llanuras de cereales. Pero antes de la Guerra de la Independencia, gran parte de esas tierras estaban repletas de encinas y de cerditos estupendos que entre ellas corrían libremente comiéndose sus ricas bellotas. Al parecer los franceses talaron todos aquellos árboles para que no se escondieran allí,  no ya los cerdos, que no les importaría mucho, sino los guerrilleros y rebeldes que se enfrentaban a sus  ejércitos invasores. Hasta entonces, con tanto cerdo, la presencia de la manteca era abundante y se utilizaba mucho en los fogones y en la repostería tradicional. Al contrario que el resto de la dulcería navideña, de claro origen árabe como es el mazapán -que antes de alcanzar su condición de cristianísimo “hueso de santo” fue moro de la morería- o los pestiños y turrones de Alicante y de Jijona,  el polvorón ha sido desde su nacimiento apostólico y romano, ya que la condición porcina de la manteca de cerdo que le da origen lo anatematiza para feligresías musulmanas. Ya ven que a pesar de sus connotaciones fonéticas de corte erótico festivo, no hay nada más recatado y púdico y cristiano que los polvorones, sobre todo los que se elaboran en los conventos por las santas manos de las monjas agustinas, por ejemplo, del Convento de Santa María de Gracia, de Jerez de la Frontera, cuyos polvorones son inigualables. 

En todos los hogares y fogones de estas tierras cercanas a Estepa se elaboraban como hemos visto suculentas tortas de manteca de cerdo y harina, pero fue la señora Colchona la que revolucionó la elaboración de las mismas. Dicen que su marido era trasportista de la época, estamos hablando ya de bien avanzado el siglo XIX y Filomena Micaela Ruiz, que así se llamaba esta buena señora de clara vocación exportadora, quería que sus mantecados pudieran venderse en las diferentes poblaciones del recorrido de su marido. Para ello los secó mucho más al final de su proceso de elaboración de manera que así se conservaran frescos y con esa textura claramente pulverulenta que los caracteriza. Suponemos que de ahí viene lo de polvorón y, como se pueden ustedes imaginar, nada tiene que ver con las hechuras de la Colchona ni con ningún tipo de erotismo. Pero es tan sonoro el nombre y se ha popularizado tanto que el polvorón podría tener ya hasta denominación de origen como tal. Y en honor a la verdad, hace dos años que este dulce tiene indicación geográfica protegida, pero bajo la forma de Mantecado de Estepa, que es exactamente lo mismo pero como más correcto...  Es una verdadera pena que los señores del ministerio de agricultura que llevan a cabo todos los trámites que requiere el nacimiento y concesión de una nueva indicación geográfica protegida, una denominación de origen, no se decidieran por el término polvorón y eligieran este de mantecado, mucho más ambiguo y soso. Si yo fuera de ese pueblo sevillano, reclamaría por doquier que le cambiaran de nombre por la rotunda y atractiva Denominación de Origen Polvorón de Estepa, claro que sí!!!, con un par de narices... Lo mismo con esta sugerente denominación se podría conseguir sacarlos de su estacionalidad y comerlos todo el año, e incluso elaborarlo salados....¡¡Que tengan ustedes unas felices fiestas y disfruten de sus polvorones!!!   

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